Los bosques de Chiloé pueden almacenar hasta el doble de carbono que la Amazonía, lo que convierte a esta zona en un verdadero pulmón verde nacional.
Entre el 24 y el 29 de junio, 20 trabajadores de JRI Ingeniería se trasladaron a Ancud para participar en un programa pionero de voluntariado ambiental, impulsado por UÑU Lab. El objetivo fue claro: restaurar una hectárea de bosque nativo en el sector de Pupelde, uno de los puntos más afectados por la deforestación en Chiloé, la zona más degradada ecológicamente de todo el país.
La iniciativa, inédita en el sector minero, se enmarca en la creciente urgencia de enfrentar la crisis climática con acciones concretas que vinculen al sector privado con soluciones basadas en la naturaleza.
Según estudios del Instituto de Ecología & Biodiversidad (IEB), los bosques de Chiloé pueden almacenar hasta el doble de carbono que la Amazonía, lo que convierte a esta zona en un verdadero pulmón verde nacional. Sin embargo, la tala histórica y la expansión de monocultivos han reducido drásticamente su cobertura original. En este contexto, la restauración ecológica adquiere un valor estratégico no solo para mitigar el cambio climático, sino también para preservar la biodiversidad y los medios de vida locales. La plantación liderada por JRI, que incluyó especies como coihue, canelo, ulmo y arrayán, es parte de una estrategia más amplia que UÑU Lab impulsa desde hace seis años en el archipiélago.
“Adherirnos al voluntariado regenerativo en Chiloé nos hizo tanto sentido porque conecta con nuestra forma de hacer las cosas”, afirmó Carolina Méndez, jefa de Seguridad, Salud y Medio Ambiente de JRI. La experiencia, además de tener un impacto ambiental directo, genera un efecto multiplicador al involucrar a trabajadores y trabajadoras en una experiencia transformadora, que traspasa el ámbito laboral y siembra conciencia ecológica a nivel personal y comunitario.

UÑU Lab, el laboratorio de innovación y sustentabilidad detrás del programa, continúa desarrollando estrategias que combinan reforestación, educación ambiental y cultura local. Bajo el lema “plantar es resistir”, este modelo de colaboración entre comunidad y empresa privada plantea un nuevo estándar de responsabilidad ambiental, donde restaurar la naturaleza no es solo un acto simbólico, sino una inversión urgente en el futuro del planeta.



