PhD. Marcela Angulo: “La transición verde no puede tener raíces cafés”
La directora de la Universidad de Concepción sede Santiago y PhD. Marcela Angulo, fue reconocida como una de las 50 mujeres líderes a nivel mundial en la industria del hidrógeno verde. En entrevista con Más Minería Energía, reflexiona sobre el desarrollo de esta tecnología en Chile, los desafíos en regulación, capital humano y sostenibilidad, además de compartir los avances del innovador proyecto Cobre Verde, que busca transformar la minería nacional desde una mirada estratégica.
Marcela Angulo es ingeniera civil y doctora (PhD.) en Ciencias Ambientales, con una destacada trayectoria en Política Pública, Investigación Aplicada y vinculación entre el mundo académico, público y privado. Actualmente es directora de la Universidad de Concepción sede Santiago, y ha liderado diversas iniciativas en energías limpias, sostenibilidad y transición energética. Fue parte del comité estratégico que elaboró el Plan Nacional de Hidrógeno Verde, y ha trabajado desde Corfo en el desarrollo de nuevas industrias tecnológicas para Chile.
Su compromiso con el hidrógeno verde no es reciente. Lleva casi una década impulsando su desarrollo como una herramienta clave para la descarbonización de sectores industriales donde la electrificación no es suficiente, como la minería, el transporte de carga y la industria química. Recientemente, fue reconocida por el Women in Green Hydrogen Network como una de las 50 mujeres líderes del mundo en esta materia, compartiendo la distinción con expertas de países como Alemania, Estados Unidos, Canadá y Japón.
Pero su trabajo va más allá de lo institucional. Angulo también lidera Cobre Verde, un spinoff desarrollado junto a la Universidad de Concepción que propone una tecnología disruptiva para el procesamiento de concentrados de cobre sin emisiones ni residuos, utilizando hidrógeno verde como reductor. Este proyecto fue reconocido por el Foro Económico Mundial como una de las innovaciones más prometedoras para la minería sostenible.
En esta entrevista, Marcela Angulo comparte su visión crítica y optimista sobre el futuro del hidrógeno en Chile y la región, la necesidad de avanzar con responsabilidad ambiental y social, y los caminos que aún quedan por recorrer para construir una industria verdaderamente verde e inclusiva.
Fuiste reconocida entre las mujeres líderes en hidrógeno verde a nivel mundial. ¿Qué significó para ti este reconocimiento y cómo lo interpretas desde tu rol como mujer en la industria?
-La verdad, fue una sorpresa. Este ecosistema es muy colaborativo y fueron otras mujeres quienes me nominaron. Recibí el reconocimiento con mucha alegría y humildad. Esta es una industria emergente, con altos y bajos, pero con una visión clara desde Chile desde hace años. Comencé a trabajar en estos temas en 2016 desde Corfo junto al Ministerio de Energía, viendo el rol del hidrógeno como complemento a la electrificación en sectores donde es difícil reducir emisiones.
Es fundamental visibilizar a las mujeres en una industria aún muy masculina. La transición hacia un mundo sostenible también debe ser inclusiva. Aún estamos subrepresentadas, y reconocimientos como este ayudan a mostrar el rol que tenemos en este proceso. Lo compartí con Rebeca Poleo, presidenta de H2 Chile, una gran profesional.
¿Qué tan competitivo crees que puede llegar a ser el hidrógeno verde, considerando que aún hay escepticismo en el sector?
-Tengo una visión pragmática. Es posible que se haya generado una expectativa excesiva sobre el rol del hidrógeno, en parte porque es una industria en maduración. Definitivamente hay sectores donde la electrificación no llegará y se requerirá hidrógeno como alternativa. En cambio, en aplicaciones como movilidad liviana o uso residencial, la electrificación es más competitiva. Pero en transporte pesado, marítimo, aéreo o en la industria química y minera, el hidrógeno tiene mucho sentido.
Chile tiene una oportunidad en estos sectores por la calidad de sus recursos renovables, pero aún falta que la tecnología baje de precio, como ha ocurrido en otras industrias. Además, el costo de la energía sigue siendo un desafío, no solo por el precio directo, sino también por los costos sistémicos. Aun así, sigo siendo optimista: el hidrógeno tendrá un rol importante en sectores difíciles de descarbonizar.
Participaste en el comité estratégico del plan de acción de hidrógeno verde. ¿Qué avances y desafíos ves en regulación y capital humano?
-Fue un honor participar. Se buscó orientar esta industria para que genere riqueza de forma sostenible, con beneficios en los territorios y sin sacrificar estándares ambientales. En regulación ha habido avances: normas técnicas, guías del SEA, marcos de seguridad y mecanismos de comunicación ciudadana. Esto da más certeza a los proyectos.
En capital humano se ha trabajado en definir perfiles y cualificaciones. El desafío es coordinar oferta y demanda: no formar profesionales muy temprano ni llegar tarde. Las competencias que primero se requerirán son en diseño y construcción de proyectos, luego en operación industrial. También es clave fortalecer capacidades en el sector público y seguridad. Las instituciones de educación ya estamos integrando estos contenidos en carreras técnicas y profesionales.
Sobre el spinoff Cobre Verde, ¿qué impacto puede tener esta innovación en la industria minera?
-Siempre he creído que el hidrógeno tiene un rol relevante en procesos industriales, y el procesamiento de minerales es uno de ellos. En 2020, al dejar Corfo, me encontré con el equipo del Departamento de Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Concepción, que llevaba años trabajando en procesos de reducción de minerales. Al aplicar hidrógeno verde a esta tecnología, se lograron nuevos atributos: sin emisiones, sin residuos y con huella de carbono negativa. La universidad lo declaró un proyecto estratégico.
Esta tecnología puede sustituir las fundiciones, generar calor en exceso y vapor de alta presión, que incluso podría producir el propio hidrógeno. Además, permite reconfigurar la cadena de valor del cobre, integrando el procesamiento cerca de la mina, reduciendo transporte y aumentando el valor agregado nacional. Se gana trazabilidad de la huella de carbono, se evitan emisiones de transporte y se produce ácido sulfúrico como subproducto, útil para procesar minerales de baja ley. Por todo esto, fuimos premiados por Avonni y el Foro Económico Mundial.
¿Cómo ha sido el proceso de escalamiento tecnológico del proyecto Cobre Verde?
-Cuando uno diseña estrategias de escalamiento, se traza una hoja de ruta tecnológica. Hoy estamos en TRL 5, con una planta semipiloto robusta dentro de la universidad. Avanzaremos al TRL 6, un piloto en un entorno similar al real, con reactores más grandes y operación continua, evaluando distintos concentrados de cobre, incluyendo aquellos con alto arsénico, que requieren confinamiento seguro. Refinaremos parámetros operacionales y haremos una evaluación técnico-económica para avanzar al TRL 8, etapa preindustrial que debe realizarse en una faena minera, operando en escala real.
Esperamos que hacia el final de la década estén las condiciones para tomar decisiones de inversión en nueva capacidad de procesamiento de cobre, esencial para la transición energética. El cobre es clave para electrificación, energías renovables y autos eléctricos, pero debe producirse de forma sostenible. No se puede descarbonizar el planeta con cobre lleno de emisiones y residuos. Esperamos que el mercado valore el cobre sustentable y que nuestra tecnología sea una alternativa real. Yo siempre digo una frase: la transición verde no puede tener raíces café.
¿Qué importancia tiene el vínculo entre investigación universitaria y transferencia tecnológica?
–Esta es una tecnología basada en resultados de investigación y desarrollo, cuya propiedad intelectual pertenece a la universidad. En otras partes del mundo, como MIT, Stanford o Cambridge, estos procesos de transferencia tecnológica están maduros. En Chile aún estamos en una fase incipiente, pero este es el camino que debemos seguir para que la ciencia y el conocimiento se conviertan en innovación y aporten valor al país.
Este spinoff demuestra que desde la universidad es posible impulsar soluciones concretas a desafíos industriales y ambientales, generando además oportunidades para el desarrollo económico local. Es una forma de vincular la investigación con el sector productivo y de mostrar que las universidades pueden ser actores clave en la transición hacia una economía más sustentable.
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