Por Alejandro Gorayeb Fuentes Ingeniero Comercial Doctor en Ciencias Logísticas y Supply Chain, Management Director de la Cámara Minera de Chile.
Desde la perspectiva del supply chain, el cierre de Ormuz, que interrumpe el 20%
del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado, es importante tener presente
que Chile depende totalmente de la importación de petróleo, si bien, no importa
desde medio oriente, y si lo hace desde fuentes regionales, el impacto del cierre
del estrecho de Ormuz produce un efecto global que impacta las economías
locales por el alza del valor del petróleo y su cotización en bolsa.
Las cadenas de suministro chilenas se ven fuertemente afectadas por esta alza, lo
cual produce una potente presión alcista en los costos de la cadena, por tanto, un
alza de precios en los productos transportados. Los sectores que se ven afectados
mayormente son el transporte, la agricultura, la minería, con ello, se afectan los
demás sectores industriales.
El impacto es inmediato respecto del alza del valor del petróleo, lo cual puede
durar varios meses, sin embargo, a mediano o largo plazo, puede existir una
ruptura de stock si es que la producción y distribución de petróleo no se regulariza.
En la medida que el estrecho se abra, podrán fluir de manera normal los buques
petroleros y regularizar de esta forma la distribución, en consecuencia, la baja del
precio y aumento de existencia de petróleo.
Desde el punto de vista de la gestión de riesgos existen 4 fases frente a una
situación crítica o de desastre como la que estamos viviendo, esto es: fase
preliminar en que se muestran signos o señales de una posible interrupción de la
cadena de suministro; fase fecha de vencimiento en la cual los efectos de la
interrupción se comienzan a sentir afectando la cadena; fase amortiguación en la
cual se comienzan a consumir los inventarios existentes y niveles de seguridad;
fase dominó en la cual los efectos negativos comienzan a expandirse por toda la
cadena de suministro.
Las empresas que dependen de materias primas o insumos que transitan por
Ormuz —fertilizantes, petroquímicos, metales— enfrentan incertidumbre de
abastecimiento.
Son varios los aspectos que en los que se deben generar estrategias de gestión
frente al corte de suministro o alza de precios. No solo se verá afectada la cadena
desde el punto de vista del abastecimiento, considerado como una importación, si
no que de aquellos sectores que exportan a esos países, considerando la
bidireccionalidad de la cadena.
En consecuencia, la estrategia de gestión de riesgo que permita mitigar el impacto
es analizar la cadena bajo los siguientes elementos: 1) Densidad, esto es, dado
un espacio geográfico determinado, cuántas fuentes de aprovisionamiento o
consumo se encuentran concentradas, esto implica en consecuencia, evitar a toda
costa una alta densidad, debiendo, por tanto, buscar otras fuentes de
aprovisionamiento y consumo. 2) Complejidad, cuántos nodos y flujos hay entre
los centros de aprovisionamiento y consumo; esto implica establecer qué nodo o
flujo es crítico, como el Estrecho de Ormuz, Canal de Panamá, Canal de Suez o
fuente de recurso, por tanto, hay que tener en consideración diversos puntos
geográficos que permitan alternar un punto crítico. 3) Criticidad, es la importancia
relativa que se le asigna a un punto crítico, ya sea como una fuente única de
materia prima o punto clave de distribución.
CAMBIOS PARA ENFRENTAR LA CRISIS
La cadena de suministro global es frágil porque no se comprende bien su
importancia hasta cuando suceden eventos disruptivos como un conflicto armado,
un accidente o una pandemia, por ejemplo. Cambios a nivel empresarial
principalmente, ampliar la visión en cuanto a la importancia de la cadena de
suministro y la logística como una función relevante en el quehacer de la empresa,
de tal forma de planificar teniendo en cuenta: 1) la evaluación de riesgos o eventos
disruptivos; 2) generar capacidades de alerta frente a posibles riesgos o eventos
disruptivos mediante uso de tecnología; 3) capacidades de mitigación una vez
enfrentado los efectos de un evento disruptivo para recuperarse lo antes posible;
4) capacidad de contingencia mediante decisiones rápidas, planes de contingencia
y procesos flexibles.
A nivel de política pública, el trabajo conjunto entre el sector público y privado es
fundamental. Así como existe la Ley 21.542 para protección de infraestructura
crítica, lo importante en ella, es que define la infraestructura crítica como “ el
conjunto de instalaciones, sistemas físicos o servicios esenciales y de utilidad
pública, así como aquellos cuya afectación cause un grave daño a la salud o al
abastecimiento de la población, a la actividad económica esencial, al
medioambiente o a la seguridad del país, es perfectamente posible que se puedan definir los productos o servicios críticos que permitan la subsistencia de la población. Para este caso, los alimentos, medicamentos, combustibles, etc.
En tanto, con el fin de permitir el flujo de productos desde diversos mercados, un
trabajo coordinado con el servicio de aduanas, aranceles aduaneros especiales
para casos de crisis, fortalecimiento, diversificación y seguridad de rutas
comerciales aéreas, terrestres y marítimas (por ejemplo, el corredor bioceánico),
diversificación de matriz energética, fortalecimiento de la industria local sobre todo
de productos y servicios críticos (agricultura, transporte, telecomunicaciones, etc.).
En los últimos años, hemos reaccionado a diversos inconvenientes como los
mencionados en estas líneas, por ello, considero que la lección debería haberse
aprendido. Esto es tener una carta de acción de cómo proceder en casos como
estos, que nos permitan mantener las diversas actividades con el menor nivel de
afectación posible; el mundo, el país, las empresas y los ciudadanos no
tendríamos por qué vernos afectados por hechos que ocurren en continentes muy
lejanos al nuestro.



