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Miércoles, Enero 14, 2026

China es líder global en procesamiento de minerales estratégicos y desafía la autonomía de EE.UU.

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La flexibilidad en regulaciones ambientales y bajos costos han contribuido en el dominio del gigante asiático en las fases intermedias de la cadena de valor de estos materiales.

A pesar de los esfuerzos del gobierno de Donald Trump por garantizar el acceso a minerales críticos mediante acuerdos internacionales, Estados Unidos continúa dependiendo de China para el procesamiento de gran parte de estos recursos esenciales -tierras raras, cobre, cobalto y níquel, entre otros-, lo que refleja una pérdida estructural en su capacidad industrial.

La superioridad de Pekín en la refinación de minerales se ha convertido en un punto de tensión geopolítica, especialmente en un contexto donde el abastecimiento de componentes clave para tecnologías de defensa, transporte y comunicaciones depende del procesamiento en plantas ubicadas principalmente en Asia.

A diferencia de EE.UU., que extrae, pero no transforma buena parte de sus minerales, el país liderado por Xi Jinping domina en las fases intermedias de la cadena de valor, incluyendo el refinamiento y conversión a productos comercializables.

Dependencia estructural de Estados Unidos

Un ejemplo de esta brecha estructural son las tierras raras, insumos fundamentales para sistemas de defensa, tecnologías verdes y productos electrónicos. “Necesitamos mucho las tierras raras. Ellos tienen unas tierras raras grandiosas”, manifestó Trump antes de una reunión de gabinete en marzo.

Aunque EE.UU. extrae cerca del 12% del suministro global de estos materiales estratégicos, exporta aproximadamente dos tercios de esa producción al gigante asiático, que realiza cerca del 85% del refinado mundial, y luego revende productos terminados como imanes de tierras raras al mercado estadounidense.

La situación se repite con otros minerales críticos. “Esa llamada pieza intermedia del procesamiento y refinación de minerales para convertirlos en productos químicos y metales es realmente importante, y la domina China”, observó Morgan Bazilian, director de Payne Institute en Colorado School of Mines. “No creo que vaya a dejar de dominar”, agregó.

Las seis principales refinerías de cobalto del mundo se encuentran en territorio del gigante asiático, cuya participación en el mercado mundial del mineral refinado subió del 65% en 2018 al 83% en 2024, según Darton Commodities.

Por otro lado, en el caso del níquel, compañías chinas también lideran el procesamiento tras construir grandes instalaciones en Indonesia, principal productor global del metal.

En cuanto al cobre, la potencia norteamericana envía parte de su producción a China para ser procesada, situación que motivó al gobierno de Trump a iniciar una investigación -que sigue en curso- sobre cómo las importaciones del metal rojo podrían estar afectando la seguridad nacional del país.

Origen del control global de China

Este predominio de Pekín se consolidó a partir de la década de 1990, cuando EE.UU. comenzó a desmantelar su infraestructura industrial debido al abaratamiento de costos en el extranjero, principalmente en China. La inversión necesaria para construir una refinería en la nación comunista es un tercio de lo que costaría en territorio estadounidense.

Además, en Estados Unidos se han frenado variados proyectos por regulaciones ambientales o falta de rentabilidad frente a los precios del mercado asiático.

Tal es el caso de una planta de procesamiento de níquel planificada en Minnesota, que fue reubicada en Dakota del Norte debido a objeciones locales. Aunque recibió US$114 millones en financiamiento federal en 2022, la obra aún no inicia construcción.

Ofensiva de Donal Trump

En respuesta a esta brecha, Trump anunció ante el Congreso “una acción histórica para expandir considerablemente la producción de minerales críticos y tierras raras” en EE.UU., y firmó una orden ejecutiva para agilizar permisos y financiamiento.

Lo paradójico es que, aunque Trump lograra asegurar nuevas fuentes de extracción de estos elementos estratégicos, como Groenlandia, Ucrania o la República Democrática del Congo, podría verse obligado a enviar gran parte de los minerales a China para su procesamiento, perpetuando así la dependencia de Estados Unidos respecto de su principal rival geopolítico.

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