La nueva sensibilidad territorial: un llamado a repensar la relación entre comunidades y proyectos de inversión
Por Pilar de la Cerda, socia fundadora de Nodo Chile
En los últimos años, en Chile hemos sido testigos de un cambio profundo en la forma en que las comunidades perciben e interactúan con los proyectos de inversión, particularmente en el ámbito de la generación de energía eólica y solar. Este cambio no se reduce únicamente a un aumento de la conflictividad, como suele destacarse en los titulares, sino que se trata también de un aumento sostenido en la sensibilidad y conciencia de las personas frente a lo que ocurre en sus territorios.
Hoy las comunidades están más informadas. Acceden con rapidez a datos, noticias y opiniones sobre los proyectos que se desarrollan cerca de sus viviendas, sus escuelas, sus fuentes de agua o sus lugares de encuentro. La proliferación de medios locales, redes sociales y plataformas digitales ha permitido que los temas que antes pasaban desapercibidos hoy sean de conocimiento público y generen conversación activa.
Pero no solo se trata de información: las personas participan más, preguntan más y exigen más. La experiencia acumulada con proyectos ya instalados, sean estos exitosos o conflictivos, ha permitido que la ciudadanía observe con mayor claridad los impactos, beneficios y promesas (cumplidas o no) de este tipo de iniciativas. Es así como la evaluación social de los proyectos ha ganado una dimensión más compleja y exigente.
Esta sensibilidad ha llegado incluso a considerar aspectos que antes ni siquiera eran parte del radar institucional o empresarial. Hoy encontramos comunidades que plantean con firmeza la necesidad de que los proyectos consideren condiciones específicas de sus habitantes, como niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), adultos mayores o grupos con vulnerabilidades particulares. Es decir, no se exige solamente evaluación ambiental, sino también empatía territorial.
Esta mayor atención y exigencia no es un problema a resolver. Es una realidad que debe ser comprendida y respetada. Porque, como bien sabemos quienes trabajamos en estos temas, a mayor sensibilidad, mayor es también la expectativa sobre cómo un proyecto se integra al territorio, cómo se hace responsable de sus impactos directos e indirectos, y cómo contribuye realmente al desarrollo local.
Por todo lo anterior, no sorprende que exista una relación directa entre la cantidad de conflictos, protestas y observaciones ciudadanas, y los tiempos de tramitación ambiental que enfrentan los proyectos. Sin embargo, en Nodo Chile creemos que el camino no es intentar reducir la sensibilidad ni la voz de las comunidades. Al contrario: apostamos por una estrategia temprana, honesta y transparente que permita abrir espacios de diálogo desde las primeras etapas, anticipando escenarios, escuchando activamente y construyendo acuerdos duraderos.
Porque solo así, reconociendo el valor de la nueva sensibilidad territorial, podremos avanzar hacia una transición energética verdaderamente justa, legítima y sostenible.
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