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Viernes, Enero 16, 2026

Nuevas tecnologías en gestión de relaves: innovación, economía circular y sostenibilidad para la minería del futuro

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Métodos avanzados de depositación, sistemas de monitoreo con inteligencia artificial en depósitos y áreas de influencia, reprocesamiento e incorporación de pasivos a cadenas productivas, junto con la remediación de los territorios afectados, surgen como estrategias clave para disminuir los riesgos socioambientales de estos desechos mineros y contener el impacto de su creciente generación en Chile.

En un contexto global marcado por la creciente demanda de minerales estratégicos -como cobre, litio, cobalto y tierras raras- Chile se perfila como un actor clave en la provisión de insumos para la transición energética. Sin embargo, cumplir este rol implica desafíos ambientales significativos, entre los cuales los relaves mineros ocupan un lugar central.

Según proyecciones de Cochilco, la producción global de cobre seguirá creciendo hasta alcanzar un peak de más de 25 millones de toneladas en 2026, para luego iniciar una tendencia descendente hacia 2034. En este escenario, la participación de Chile se mantendría estable en torno al 24% entre 2024 y 2029, pasando a un aumento gradual desde 2030 y llegar a 27,3% en 2034.

Este mayor peso relativo obedece a cálculos de la entidad que proyectan un incremento de 5,6% en la producción nacional hacia 2034, en comparación con los 5,25 millones de toneladas de cobre fino registradas en 2023. No obstante, dicho crecimiento conlleva de manera inherente una mayor generación de residuos mineros, que en Chile se verá intensificada por la consolidación de los concentrados sulfurados como modalidad predominante, la caída sostenida de las leyes del mineral y el envejecimiento de los yacimientos, factores que obligarán a movilizar mayores volúmenes de roca para obtener la misma cantidad de mineral útil.

De acuerdo al catastro de depósitos de relaves de Sernageomin, el país cuenta actualmente con una capacidad autorizada de más de 30.691 millones de toneladas para almacenamiento en depósitos de relaves. De esa capacidad, la ocupación declarada alcanza 14.345 millones de toneladas a mayo de 2025, aunque esta cifra probablemente subestima la realidad, ya que solo 160 de los 828 depósitos existentes reportan su tonelaje actual.

Considerando que sólo la minería cuprífera genera cerca de 600 millones de toneladas de relaves cada año, y que esta cifra podría superar los 1.000 millones en la próxima década según estimaciones de Cochilco, la gestión responsable y eficiente de los residuos mineros se ha vuelto un elemento crucial para asegurar que el desarrollo sustentable de la principal actividad económica del país sea un plan viable.

Para afrontar este desafío, la industria ha comenzado a incorporar tecnologías avanzadas, que incluyen nuevos métodos de depositación y sistemas de monitoreo, así como soluciones innovadoras para la valorización de los relaves y la remediación de los entornos afectados. Todas herramientas que no solo buscan mitigar riesgos estructurales y ambientales, sino también optimizar el uso de recursos críticos, como el agua, impulsando una minería más eficiente, segura y sostenible.

Nuevos métodos de depositación: deshidratando para mayor seguridad y eficiencia

Durante décadas, los relaves mineros en Chile se han almacenado mayoritariamente en tranques y embalses convencionales, estructuras que retienen altos volúmenes de agua, lo que incrementa la probabilidad de deslizamientos y colapsos de las instalaciones, sobre todo en un país con alta actividad sísmica y condiciones climáticas extremas producto del calentamiento global. Los depósitos tradicionales presentan entre 50% y 70% de contenido hídrico, lo que no solo incide en su estabilidad física, sino que también representa un consumo significativo de un recurso escaso en las zonas mineras.

Esta situación ha impulsado la adopción de nuevas tecnologías que buscan reducir el contenido de humedad de los relaves y aumentar su densidad, facilitando un almacenamiento más estable y sostenible. Los relaves espesados constituyen el primer nivel de innovación en depositación deshidratada, asignándoseles una calificación de 7 puntos en la evaluación de vulnerabilidad física, indicando una mayor seguridad que los relaves convencionales (10 puntos), pero menor que los relaves en pasta (4 puntos) o filtrados (0 puntos).

Esquema comparativo de depósitos de relaves: convencional (arriba) y espesado (abajo). Fuente: SONAMI.

El proceso de sedimentación mediante espesadores separa una parte importante del agua contenida en los relaves, llevándolos a densidades del orden de 63% a 68% de sólidos. La masa resultante, con un contenido hídrico de 32% a 37%, se transporta en tuberías o canaletas y se deposita con mayor consistencia, lo que aumenta la estabilidad física del depósito y reduce la polución ambiental. Este método, al optimizar la recuperación de agua, contribuye a la eficiencia y seguridad general de la faena.

Depósito de relave espesado. Fuente: Plan Nacional de Depósitos de Relaves 2019, Ministerio de Minería.

En un segundo nivel de deshidratación se encuentran los relaves en pasta, que presentan una situación intermedia entre el relave espesado y el filtrado. Corresponden a una mezcla homogénea de relaves sólidos y agua, con un contenido hídrico que oscila entre 10% y 25%. Su depositación se efectúa sin necesidad de compactación debido a su consistencia coloidal.

Depósito de relave en pasta. Fuente: DELFING.

Y luego están los relaves que son sometidos a un proceso de filtración donde se asegura que la humedad sea menor a un 20%, pudiendo incluso llegar al 10% una vez drenados. Este material, al ser casi seco, se transporta mecánicamente, lo que garantiza una alta resistencia estructural y facilita su apilamiento, optimizando el uso del terreno y liberando extensiones para otros usos.

Depósito de relave filtrado. Fuente: DELGINF.

Óscar Labarca, jefe de Proyectos de Ardum Ingeniería -firma especializada en soluciones geotécnicas para proyectos mineros-, señala que un ejemplo de relave filtrado que ha funcionado “bastante bien” es el proyecto desarrollado por Compañía Minera del Pacífico (CMP) en Huasco, vinculado a la faena Planta Pellets.

Proyecto Depósito de Relaves Filtrados, Planta de Pellets. Fuente: Compañía Minera del Pacífico.

A propósito, el profesional asegura: “Depositar el relave con una mayor consistencia tiene varios objetivos. Uno de ellos es obtener una mayor estabilidad física, pero también está que produce menos polución ambiental, porque al depositarlo en esas condiciones no se desagrega (…) Todas estas tecnologías de desaguado que se están promoviendo hoy en día es una gran alternativa para el futuro de la industria”.

Además, Labarca destaca que la gestión de los relaves está relacionada con el agua, un recurso imprescindible para la industria extractiva y cada vez más escaso. “Hoy muchas mineras operan con agua salada que tiene un costo bastante elevado. Entonces, mientras mejor optimicemos el agua, tratando de capturarla antes de la depositación para no perderla en algún tipo de filtración o evaporación, mejores resultados vamos a tener”, sostiene.

Apilamiento Hidráulico Deshidratado (HDS) e incorporación del Mud Master

Otra técnica avanzada es el Apilamiento Hidráulico Deshidratado (HDS), que combina partículas gruesas recuperadas del relave con estériles de mina para formar depósitos desaturados y estables. En este método, los materiales se disponen en capas alternadas: primero se coloca una capa de arena gruesa proveniente del relave, que aporta permeabilidad y canales de drenaje, y sobre ella una capa de estériles de mina, que proporciona soporte estructural y mantiene la estabilidad física de la pila. El resto del material de relave se deposita entre estas capas, y el agua que contienen se filtra a través de la arena y los estériles, permitiendo su deshidratación parcial de manera controlada.

Así, el agua liberada se recoge mediante sistemas de captación y se reutiliza en los procesos mineros, aumentando la eficiencia hídrica. Este diseño de capas alternadas permite acelerar la consolidación del depósito, reducir la saturación interna y mejorar la estabilidad, al tiempo que incrementa la capacidad de almacenamiento de relaves sin necesidad de grandes expansiones territoriales, ofreciendo beneficios en seguridad, sostenibilidad ambiental y gestión de recursos hídricos.

Esta tecnología está siendo implementada en Chile por Anglo American en los depósitos de El Soldado (región de Valparaíso) y Las Tórtolas (región de Atacama), mientras que la Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi lo está desarrollando en Pampa Pabellón (región de Tarapacá). Aunque la adopción masiva aún depende de los resultados de estas evaluaciones, los pilotos han mostrado un claro beneficio en seguridad estructural y eficiencia hídrica, consolidando al HDS como una alternativa prometedora para operaciones mineras de gran escala.

Descripción general del apilamiento deshidratado hidráulico (HDS). Fuente: Anglo American

Por otro lado, Anglo American también ha introducido en el país la máquina Mud Master, que se encuentra en fase piloto en Las Tórtolas, un equipo de 16 toneladas fabricado en exclusiva para la compañía. Su función es acelerar mecánicamente la compactación de los relaves, lo que incrementa la eficiencia en la extracción y recuperación de agua atrapada en estos depósitos.

Equipo Mud Master de Anglo American en Chile. Fuente: Consejo Minero.

Actualización de DS N° 248: clasificación por consecuencias y depósitos no convencionales

A pesar de los avances tecnológicos y la creciente evidencia sobre los beneficios de la depositación deshidratada, el marco normativo vigente en Chile, establece exigencias uniformes sin distinguir entre los distintos métodos de disposición de relaves, generando una brecha en la implementación de tecnologías más seguras y sostenibles. Sin embargo, la nueva propuesta para modificar el DS N° 248 aborda esta situación al definir explícitamente y diferenciar los requisitos para los depósitos con relaves espesados, en pasta y filtrados, adecuando sus exigencias a sus propiedades intrínsecas.

En la actualización legislativa, los relaves espesados se definen como aquellos con más del 60% de sólidos y bajos esfuerzos de fluencia. Los relaves en pasta contienen entre 70% y 75% de sólidos, con un esfuerzo de fluencia por sobre 200 pascales. Por su parte, los relaves filtrados son aquellos que poseen más del 75% de sólidos.

Esta distinción es crucial en la clasificación por consecuencias: mientras los depósitos de relaves espesados y en pasta suman 1 punto en las “Características de diseño”, los relaves filtrados obtienen 0 puntos, reflejando un menor riesgo inherente por diseño. Además, para los proyectos con relaves filtrados, la propuesta permite que el estudio de rotura considere que el material no licúa, reemplazándolo por un análisis de desplazamientos o deformaciones, a diferencia de los relaves convencionales que sí deben asumir licuefacción en ciertos análisis.

Asimismo, si se requiere un sistema de impermeabilización del fondo de la cubeta para depósitos de relaves espesados, este debe contemplar un tratamiento previo del terreno para minimizar filtraciones. De esta forma, la nueva normativa ajustaría sus requisitos técnicos a las características físicas y al comportamiento hidráulico de los relaves deshidratados, promoviendo soluciones más seguras y sostenibles.

Monitoreo avanzado e inteligencia artificial

La investigación y el desarrollo tecnológico han impulsado la adopción de sistemas avanzados de monitoreo que integran sensores físicos, modelación geotécnica, análisis de datos y, más recientemente, inteligencia artificial (IA) para evaluar y predecir riesgos de manera continua y con alto nivel de precisión.

Un estudio publicado en 2024 por la revista Minerals detalla cómo sensores satelitales de alta resolución, combinados con algoritmos de aprendizaje automático, analizan grandes volúmenes de datos geoespaciales, meteorológicos y estructurales. Esta combinación permite detectar deformaciones milimétricas y variaciones de humedad o estabilidad, anticipando riesgos mucho antes de que puedan derivar en fallas catastróficas.

Complementariamente, la tecnología cuenta con estaciones en terreno equipadas con sensores piezométricos, extensómetros, inclinómetros y radares que transmiten información en tiempo real a plataformas digitales. La inteligencia artificial procesa estos datos, identifica patrones anómalos y proyecta escenarios futuros, facilitando respuestas rápidas y un manejo preventivo del riesgo.

Labarca explica que “la combinación de sensores remotos y análisis inteligente nos permite anticipar fallas con días o semanas de antelación, algo impensable hace solo una década”. Añade que la integración de estos sistemas reduce la dependencia de inspecciones manuales, disminuye costos y mejora la seguridad para las comunidades vecinas.

En Chile, el tranque de relaves El Mauro, de Minera Los Pelambres, fue seleccionado como sitio piloto para la aplicación de estas innovaciones. En el marco del Programa Tranque, iniciativa público-privada lanzada en 2016, se instaló en este depósito un Sistema de Monitoreo Local (SML) conectado a la plataforma central de Sernageomin. Desde abril de 2024, esta herramienta opera de manera continua, permitiendo el seguimiento permanente de la estabilidad del tranque y reportando en tiempo real inspecciones, eventos gatilladores, condiciones meteorológicas y alertas de riesgo codificadas, lo que ha mejorado la transparencia y coordinación con la autoridad.

Desde el ámbito público, el Ministerio de Minería destaca algunos avances en esta materia, como el proyecto FONDEF IDeA I+D, desarrollado por el Centro de Modelamiento Matemático (CMM) junto a la Subsecretaría de Minería, ANID y Sernageomin, cuyo resultado fue la plataforma MOSARE, diseñada para supervisar en forma continua depósitos inactivos y abandonados mediante datos satelitales, geográficos y meteorológicos.

A esta iniciativa se suma el trabajo del Sernageomin que, junto con la creación de la Plataforma Pública de Relaves basado en el catastro nacional oficial de depósitos, está desarrollando el Observatorio de Peligros Geológicos y Mineros, con el apoyo de CORFO y la Subsecretaría de Minería. Con estas herramientas, se busca centralizar información crítica, integrar nuevas tecnologías y robustecer la capacidad del Estado y la industria para proteger comunidades y sectores productivos frente a emergencias.

En relación a las posibles mejoras que se podrían implementar en esta materia en Chile, un exfuncionario de Sernageomin comenta que “el futuro ahora es tomar el catastro y actualizarlo mediante la información en línea del Programa Tranque. Porque al final el catastro existe, dice una altura, un área, pero esto los tranques grandes lo van cambiando día a día. Actualizaciones en tiempo real con la información en línea de las empresas”.

Economía circular en relaves: del pasivo al activo

Una de las transformaciones más relevantes en la gestión de relaves en Chile es su reinterpretación bajo el concepto de economía circular. Tradicionalmente considerados como residuos, los relaves contienen minerales y materiales útiles que pueden ser reaprovechados, disminuyendo la necesidad de explotar nuevos yacimientos y reduciendo el impacto ambiental.

Este enfoque forma parte de la política pública Plan Nacional de Depósitos de Relaves para una Minería Sostenible 2021 y se consolida en la Agenda de Relaves 2025-2026, que plantea estrategias para la elaboración de una guía orientativa para proyectos de reprocesamientoy para el desarrollo de un programa para la reubicación y remediación de relaves.

El reprocesamiento se entiende como la aplicación de tecnologías como lixiviación, flotación avanzada y separación magnética para recuperar minerales de valor presentes en los relaves, como cobre, molibdeno, cobalto, oro, plata y tierras raras. En tanto, la reutilización consiste en emplear los relaves como materia prima secundaria en otras industrias, como la construcción o agricultura.

Un referente nacional en reprocesamiento de relaves mineros es la Minera Valle Central (MVC), ubicada en la comuna de Requínoa, región de O’Higgins, y perteneciente a la canadiense Amerigo Resources Ltd. La empresa se ha especializado en recuperar cobre y molibdeno a partir de relaves frescos y antiguos de la División El Teniente de Codelco desde 1988, aplicando tecnologías avanzadas de flotación y molienda.

Faena Valle Central. Fuente: Minera Valle Central.

A lo largo de su trayectoria, MVC ha desarrollado un modelo operativo innovador, trabajando sobre distintas fracciones de los relaves y optimizando su reprocesamiento, consolidándose como un ejemplo de minería secundaria y economía circular dentro del sector.

Por otro lado, una iniciativa liderada por la investigadora Pilar Parada, directora del Centro de Biotecnología de Sistemas de la Universidad Andrés Bello (UNAB), desarrolló un método de biolixiviación que emplea microorganismos especializados en disolver la pirita presente en los relaves mineros, liberando el cobalto contenido para ser recuperado y reincorporado a la cadena productiva.

Este mineral es esencial para la fabricación de baterías de ion litio y Chile podría convertirse en el segundo mayor productor mundial con esta tecnología, con una generación estimada de 15 mil toneladas del llamado “oro azul”, cuya comercialización podría superar los US$1.118 millones anuales.

“Utilizar microorganismos que lo que hacen es alimentarse del hierro, del azufre y liberan el cobalto en una solución que se recupera y tú puedes volver a introducirlo en la cadena de valor (…) A nivel de laboratorio, en 15 días recuperamos un 70% del cobalto contenido, lo cual es espectacular”, ha explicado Parada.

Proyecto Cobalto Verde. Fuente: UNABTV.

Sin embargo, los elevados costos iniciales de este tipo de proyectos, que requieren financiamiento en infraestructura, tecnología e investigación, dificultan su implementación a gran escala. Por lo mismo, el Ministerio de Minería junto a CORFO han diseñado instrumentos que fomentan la valorización de estos residuos. En ese marco, este año se adjudicaron más de $10 mil millones a través del Programa Tecnológico (PTEC) para iniciativas de revalorización de pasivos ambientales, de las cuales dos están directamente vinculadas con relaves mineros.

Asimismo, se está impulsando la convocatoria de Desafíos I + D para el Desarrollo Productivo Sostenible, que incluye un concurso enfocado en el desarrollo de procesos impíos para la recuperación de cobalto a través de reprocesamiento, y otro sobre el pilotaje de tecnologías para recuperar tierras raras desde fuentes secundarias.

Materia prima secundaria para construcción y agricultura

Pero la valorización de relaves no se limita a la recuperación de minerales. La reutilización de estos desechos es otra arista clave. Gracias a sus propiedades mecánicas, los relaves pueden ser usados en construcción reemplazando áridos naturales en hormigón, ladrillos ecológicos, shotcrete para fortificación minera o rellenos de excavaciones; mientras que en agricultura pueden servir como enmiendas o sustratos para mejorar suelos degradados, incrementando la productividad y reduciendo la necesidad de insumos naturales.

Investigaciones de la Universidad Católica han avanzado en el desarrollo de mezclas cementicias con relaves, como el proyecto Tailings to Construction Materials (T2CM), que ha demostrado diversas aplicaciones: agregados artificiales fabricados con hasta un 100% de relave activado alcalinamente; geopolímeros con hasta 100% de reemplazo de cemento por relaves; y pasta de hormigón con hasta 70% de sustitución de cemento. Esta solución es aplicable tanto a relaves frescos como secos y ofrece una alternativa segura y sostenible, que reduce la huella ambiental asociada a la extracción de áridos naturales y al transporte de materiales.

Agregado artificial, geopolímeros y pasta de hormigón fabricados a partir de relaves mineros (de izquierda a derecha). Fuente: Tailings to Construction Materials (T2CM).

Complementando estos avances, un estudio preliminar de la Universidad de Chile, publicado en 2024, identificó 60 clústeres industriales aptos para el uso de relaves en la construcción, que albergan 424 relaves, representando el 51,2% del total nacional actual. De ellos, el 86% se concentra en las regiones de Atacama, Coquimbo y Valparaíso.

Para evaluar la viabilidad económica considerando la distancia de transporte, se elaboró un mapa nacional que geolocalizó tanto los relaves como las plantas de las cuatro principales productoras de clínker, cemento y hormigón en Chile: Cementos Bio Bio, Cementos Melón, Cementos Polpaico y Unicon. El estudio definió los clústeres industriales incorporando en el análisis a estas empresas con capacidad para procesar relaves como aditivos, árido fino, arena correctora y clínker, para evidenciar las oportunidades concretas que existen de integrar estos residuos de manera eficiente y sostenible en la cadena productiva.

Por su parte, Codelco ha explorado el uso de relaves en fortificación subterránea, utilizando arena artificial proveniente del tranque Barahona en la mina Pilar Norte para producir hormigón proyectado (shotcrete). Los ensayos confirmaron que el material es seguro para la salud humana y permitió construir estructuras como losas de 140 m² en el estadio El Teniente de Rancagua, demostrando la aplicabilidad industrial de estos residuos.

Sin embargo, una de las principales barreras para la reutilización de los desechos mineros en el rubro de la construcción es la Norma Chilena NCh 163, que regula los áridos y no contempla los relaves como material aprovechable, limitando su incorporación en este tipo de proyectos. Para superar esta restricción, la Corporación Alta Ley y el Instituto Nacional de Normalización (INN) trabajan en modificar dicha normativa, incorporando los relaves como “árido artificial”, lo que permitiría su uso seguro y estandarizado en la industria constructiva.

Otro obstáculo es la clasificación legal de los relaves como “residuo” y no como “subproducto”, lo que encarece y dificulta su valorización como materia prima secundaria. En respuesta, el Plan Nacional de Depósitos de Relaves propone modificar la Ley N° 20.551, que regula el cierre de faenas e instalaciones mineras, para desvincular los depósitos reutilizados de la faena principal. Si se concreta, este cambio permitiría que el nuevo titular fuera responsable solo del cierre de la parte aprovechada, facilitando así la transferencia de relaves a otras industrias sin comprometer la obligación de cierre de toda la operación minera original.

En esa línea, la propuesta de modificación del Decreto Supremo N° 248 introduce un nuevo enfoque para la gestión de los relaves mineros existentes mediante los Proyectos Tipo II, que permiten su extracción controlada. Este marco técnico asegura la movilización de materiales actualmente considerados residuos, incorporando estudios de caracterización del sitio, análisis geoquímicos y evaluaciones de estabilidad física. Aunque el reglamento no define el uso final de los relaves, representa un avance clave para su reprocesamiento y valorización como materia prima secundaria, favoreciendo su reinserción en el ciclo económico y fortaleciendo la economía circular en la minería chilena.

Remediación: restaurar territorios y proteger comunidades

Entre las estrategias de remediación impulsadas por el Ejecutivo están la reubicación física de relaves, biorremediación y fitoestabilización. La reubicación consiste en trasladarlos desde zonas de riesgo o cercanas a poblaciones hacia sitios diseñados con altos estándares de seguridad y ambientales. Este enfoque permite liberar terrenos para usos comunitarios y reducir el riesgo directo a la población.

En Andacollo, la Compañía Minera Dayton y Teck CDA llevaron a cabo la extracción y traslado de relaves, recuperando el suelo original y controlando la dispersión de polvo, lo que mejoró la calidad de vida de la comunidad local. De manera similar, en Copiapó, la Compañía Contractual Minera Candelaria removió depósitos para ampliar su faena, demostrando la viabilidad técnica y ambiental de estas operaciones a gran escala.

Sin embargo, Telye Yurisch, economista y miembro de Fundación Terram, señala que la reubicación de relaves no es rentable y que las empresas que la realizan lo hacen principalmente “para efectos reputacionales”. En su opinión, como política pública, la reubicación “no se puede reproducir, es inviable”, y a priori no se considera costo-efectiva. Por ello, el economista promueve la remediación en el lugar, añadiendo que “no es solo el cierre físico o químico, sino también regeneración, reforestación y recuperación de fuentes de agua”, aspectos esenciales para la convivencia entre minería y comunidades.

En ese contexto, la fitoestabilización, una técnica que utiliza especies vegetales para estabilizar química, física y biológicamente los residuos mineros, ha surgido como una alternativa para aquellos depósitos que no pueden ser removidos. En el tranque Los Quillayes, de Minera Los Pelambres -una de las cuatro operaciones de Antofagasta Minerals en el país- se impulsó un plan de cierre que combinó la cobertura granular con la plantación de arbustos y árboles nativos del Valle Alto de Salamanca.

Depósitos de relaves Quillayes. Fuente: Antofagasta Minerals

Las especies utilizadas en la iniciativa de la compañía vinculada al grupo Luksic fueron seleccionadas por su capacidad de absorber metales de manera segura, reducen la dispersión de contaminantes y favorecen la regeneración natural del entorno. El plan, proyectado a 25 años, busca consolidar la estabilidad física y química del depósito mientras se transforma progresivamente en un ecosistema integrado al paisaje local.

Iniciativas como esta evidencian el potencial transformador de las nuevas tecnologías aplicadas a la gestión de relaves, no solo en términos de seguridad y remediación, sino también en su capacidad de reconfigurar el vínculo entre minería y sociedad.

En un contexto de creciente demanda global por minerales estratégicos como el cobre, avanzar hacia modelos productivos que integren innovación, sostenibilidad y valor compartido se vuelve imperativo. Solo una industria capaz de articular eficiencia operativa con responsabilidad socioambiental podrá consolidarse como un motor legítimo de desarrollo para las presentes y futuras generaciones.

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